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Esas mierdas que escribo...
La semana pasada nos pidieron que escribieramos 40 líneas sovre la dictadura y los medios. Cabe aclarar que a veces tengo un problema para entender consginas y alñgo que parecía sencillo me hizo estar sentada demasaidas horas fretne a uan computadora y al televisor que no se cansaba de darme información sobre el golpe. Ok, lo hice y con una bajada horrible...bueno... todo un comienzo horrible, un párrafo citado muuuy largo y un cierre ( es lo que más me cuesta) que tipeé mientras me cerraban el cyber, quedó esto. Fue aprobado y la única observación fue que me pasé las 40 líneas...mmm...podría haber hecho algún otro comentario, no? Acá los dejo, si quieren lean y por favor diganme adonde debí prestar más atención. Reflexiones pendientes 30 años. 30 mil desaparecidos. El terror, el exilio, la muerte y una democracia débil. En una tira de Quino publicada en 1966, Mafalda se acerca a su papá y le dice: -Por radio dijeron no sé que de Milibares ¿Qué son los milibares papá? -Te explicaré. Los milibares son una medida de presión. Según esté la atmósfera, se dice que hay una presión de tantos… -Perdón papá, yo te pregunte por los militares, no por los militares. El viernes se cumplió un nuevo aniversario de la última dictadura militar en la Argentina. Treinta años después, los medios periodísticos llenaron su programación de documentales, películas, entrevistas, debates, artículos, fotografías y suplementos especiales sobre la violencia impartida durante aquellos años. En una época en la que la caza de brujas, el chupar, el no te metas y el por algo será eran códigos que cada argentino conocía, no sólo los militantes de partidos políticos contrarios al gobierno militar eran víctimas del terror de Estado, cualquier persona de la que se sospechara tuviera ideas raras, podría salir de su casa y no volver a entrar nunca más. La materialización de las ideas también fue suprimida a través de la prohibición y quema de libros, la censura de películas y canciones de dudosa intencionalidad. “Será reprimido con reclusión de hasta diez años, el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o imágenes, con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de las Fuerzas Armadas, de Seguridad o Policiales” anunciaba el comunicado Nº 19 emitido el 24 de marzo de 1976, día en que el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional se ponía en marcha. El 12 y 13 de marzo de 1977, el diario El País publicaba que algunas editoriales españolas habían recibido notificación oficial de que determinadas publicaciones suyas habían sido prohibidas en la Argentina. El Rojo y El Negro de Stedhal, El principito de Antoine Saint Exupéry, Los orígenes del Peronismo de Juan Carlos Portantiero, y Un elefante blanco ocupa mucho espacio de Elsa Bornemann, entre muchísimos otros libros fueron prohibidos o se les fue negada su exhibición en las librerías. Aquel que pudiera leer algún título que contenía ideas peligrosas sería cuidadoso y tendría la precaución de cubrir las tapas con la cobertura de otro libro que fuera correcto. Música y cine se silenciaron y desde la canción Juan Represión de Sui Generis hasta la película Novecento de Bernardo Betolucci fueron censuradas. La incomunicación también se ocupó de otras áreas durante el primer mes de 1977, cuando 375 mil aparatos de teléfono fueron puestos fuera de servicio. Las noticias que publicaban diarios de países extranjeros acerca de lo que estaba sucediendo en Argentina, fueron calificadas como parte de una campaña de desprestigio. Algunos medios complacían al gobierno y entregaban postales para que los lectores las enviaran a los medios de comunicación extranjeros y a las organizaciones de derechos humanos. Así, diarios como Le Monde recibirían noticias que aseguraban el bienestar del país, todo esto convenientemente antes del mundial de fútbol de 1978. Carlos Ulanovsky dice en Paren las rotativas respecto al mundial, que “Desde su tira diaria en la contratapa de Clarín, Clemente, el personaje de Caloi, pedía a la gente que tirara papelitos en la cancha, costumbre que por una cuestión de imagen parecía poco recomendable ante los ojos de muchos funcionarios (…). A pesar de que la policía revisaba a cada asistente, también con el propósito de que no ingresaran a los estadios con papeles, al momento de la aparición del equipo local el aire se cubría de papelitos.” “Era especie de gesto contestatario de la gente. Como decir “Acá estamos”. Cuando, además, Clemente apareció con sus cantitos demostró que las personas también eran protagonistas”, reflexiona Caloi”. Una abuela que recupero a su nieto, expresó para el documental La Republica Pérdida “Todos tenemos ideas, si es delito pensar, si es delito tener ideas distintas a los demás, seríamos todos condenados y juzgados de distintas formas”. Entre 1976 y 1983 era delito pensar y aún hoy parece que lo fuera. Mucho se ha hablado de los mea culpa que deben hacer los partidos políticos, la Iglesia e incluso la sociedad entera, pero poco han dicho los periodistas de ayer y de hoy acerca de lo que hablaron o callaron, y que beneficios obtuvieron con ello. Los medios de comunicación tienen las funciones de informar, de entretener y de educar. Si el miedo o la comodidad les impidieron informar, el momento de hacerlo ya se presentó hace bastante, y desde cualquiera que haya sido el lugar que cada uno tuvo durante la desaparición de 30 mil personas, es importante informar con la verdad, de otro modo no es informar.
Posteado por Anita a las 22:36
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